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La pobreza infantil emigra a la ciudad: aumentan la desigualdad y la dificultad en el acceso a la vivienda

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El 27,4% de los niños y niñas en España se encuentran en riesgo de pobreza, una situación que está muy mediada por el entorno más próximo en el que crecen, elemento fundamental en su desarrollo y bienestar. De esta manera, vivir en una zona rural o urbana supone enfrentarse a unas circunstancias distintas con consecuencias más o menos graves para la infancia en pobreza.

En España, la mitad de los niños y niñas en pobreza vive en zonas muy pobladas. Si bien la tasa de pobreza infantil es ligeramente superior en las zonas menos pobladas, la pobreza infantil urbana ha aumentado al mismo tiempo que se ha reducido en las zonas rurales, disminuyendo la distancia en 13 puntos desde 2013, tal y como señala el último estudio del Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil ‘Geografía de la pobreza infantil en España’.

La pobreza infantil se agrava según lo hace el grado de urbanización. Los niños y niñas en pobreza en zonas urbanas la experimentan de forma más intensa si los comparamos con aquellos en zonas menos pobladas: tanto la pobreza infantil alta como la severa son superiores en las grandes áreas urbanas. Los retos que enfrentan estos niños y niñas están muy ligados a este carácter urbano: la desigualdad es más acusada, existe mucha más segregación residencial y escolar y el coste de la vida es más alto.

El caso de Madrid es un buen ejemplo de la desigualdad que sufren los niños y niñas vulnerables en las grandes zonas urbanas. La ciudad tiene distritos en los que la mitad de la población tiene ingresos superiores al 200% de la mediana nacional al lado de otros distritos en los que gran parte de la población se encuentra en situación de pobreza.

El acceso a la vivienda es uno de los grandes agravantes de la situación de los niños y niñas en pobreza en las grandes zonas urbanas. El doble de hogares con niños y niñas sufren sobrecarga por vivienda en las zonas muy pobladas si las comparamos con el entorno rural. Esta sobrecarga significa que el hogar dedica más del 40% de los ingresos a pagar la vivienda y los costes asociados a esta. Además, los hogares vulnerables en entornos urbanos dedican un 22% más de dinero a la vivienda que estos mismos hogares en zonas rurales, un acceso a la vivienda que, además, es más precario: el 42,5% de los niños y niñas en pobreza en zonas urbanas vive de alquiler frente al 27,4% en las zonas rurales.

La situación de partida de la infancia vulnerable es muy diferente en función del entorno en el que vive, por lo que también tienen que serlo las medidas destinadas a combatir la pobreza infantil. En el caso de las zonas rurales, los esfuerzos deben concentrarse en garantizar el acceso a servicios educativos y sanitarios de calidad. En zonas urbanas, una de las claves fundamentales es facilitar el acceso a una vivienda segura, habitable y asequible.

A pesar de esta situación, los datos muestran que el despliegue del Ingreso Mínimo Vital está corrigiendo en parte esta inequidad territorial. Además, los recursos provenientes de la Unión Europea dedicarán, por primera vez, una partida específica para la lucha contra la pobreza infantil centrada en corregir las desigualdades en el acceso a servicios de calidad, entre ellos la vivienda, en el marco de la Garantía Infantil Europea. Corregir estas desigualdades territoriales es uno de los principales retos para luchar eficazmente contra la pobreza infantil en España.

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